—¡Hace un buen tiempo que no venía a París! —dijo Concetta admirando el lugar—. ¿No crees que es hermosa esta ciudad Alan?
Alan miraba como por el césped corría algunas ratas cerca de donde ellos estaban sentados.
—Este maldito lugar está infestado de ratas, estafadores y humanos estúpidos —gruño Alan con su habitual buen humor—. Es una porquería.
Concetta lo miró escandalizada.
—¿Cómo puedes ver solo lo malo de todo? —Concetta señaló todo el lugar alrededor de ellos—. ¡Estamos en el mismísimo