25. Correte por todo mi pene
Obedeció con entusiasmo, se quitó los pantalones cortos y las bragas y se tumbó en la cama. Me detuve un momento a observarla —sonrojada, ansiosa y confiando plenamente en mí— antes de unirme a ella.
—Abre las piernas —dije, acomodándome entre sus muslos—. Y no te contengas. Quiero oír exactamente lo bien que te hago sentir.
Entonces me puse manos a la obra.
Ya le había practicado sexo oral una vez, en su primera vez, pero aquello había sido para prepararla, para mojarla. Esto era diferente. Es