101. No puedo perderte, nena
Entró y cerré la puerta. Nos quedamos en mi pequeña habitación oscura, con la lluvia golpeando la ventana, mirándonos.
—Condujiste tres horas —dije.
—Lo sé.
—Bajo la lluvia.
—Lily.
—Solo lo estoy anotando.
—¿Puedo hablar? —preguntó—. Tengo cosas que decir, las practiqué en el coche y me gustaría decirlas antes de que me falte el valor.
Me senté en el borde de la cama, lo miré y esperé.
Se pasó una mano por el pelo mojado. Se sentó a mi lado. Miró sus manos un momento y luego me miró.
—La culpa