Los dos, de manera instintiva, encogieron un poco el cuello, pero luego se dieron cuenta de que, con esa actitud, no iban a dar una buena impresión. Así que se esforzaron por enderezarse y mantener la postura.
Al principio, solo los guerreros cercanos a ellos los miraban con ojos llenos de curiosidad, pero pronto la noticia se esparció por todo el Templo de los Mil Muertos. Prácticamente todos los presentes empezaron a mirarlos, y la arena de espectadores se llenó de murmullos y debates. El rui