El guerrero de armadura de hierro levantó su espada de hierro negro y la apuntó directamente al pecho de Llorens, lanzando un feroz golpe.
Llorens rugió con furia:
—¡Muere!
A su alrededor, las llamas se alzaron. En ese momento, Llorens se veía como un rey del fuego. Incontables lenguas de fuego, acompañadas de su grito de rabia, se desataron y fluyeron hacia su espada.
Con un ¡ushhh!, la espada se encendió, ardiendo con un fuego feroz. Entre las llamas, se podía ver vagamente una figura pareci