El cuerpo de Reinaldo cayó al suelo desde el aire, golpeando fuerte con un estruendo. En ese momento, olvidó su imagen y dignidad por completo. Se retorcía en el suelo como una lombriz cortada, dando vueltas y gritando de dolor sin cesar.
Todos los presentes abrieron los ojos con sorpresa. Esa escena les dejó una impresión profunda. Recordaban cómo Reinaldo había llegado al salón de Captura, con su actitud de señor elegante, pero ahora parecía un mendigo en la calle.
Muchos lo miraban con sudor