Además, alrededor estaban Reinaldo y Hipólito observándolo con desconfianza. ¡Ese movimiento tenía que funcionar! Si no, la batalla se complicaría.
Hipólito entrecerró los ojos:
—¡Está loco! ¡Está buscando la muerte!
Al ver que Fane no reducía su velocidad, dijo en voz alta lo que pensaba. Reinaldo y casi todos los guerreros en la arena pensaban lo mismo. Fane parecía una polilla volando hacia la llama, no había diferencia con alguien que busca morir.
¡Pum! Un estruendo resonó cuando la esfera