Fane giró la cabeza y lanzó una mirada despreocupada a los dos que estaban furiosos. Con voz calmada, dijo:
—¡Uy, qué miedo! Estoy temblando... Entonces, ¿ya terminaron? Si ya acabaron, hagan el favor de quitarse de en medio. Dejen de molestar como moscas fastidiosas. Les dejo algo claro: aunque hablen hasta por los codos, no voy a ceder mi lugar. Así que váyanse...
—¡Tú!
Hipólito, incapaz de contenerse, se lanzó directamente hacia Fane, pero Simberto, con reflejos rápidos, lo agarró con firmez