Al entrar en el Salón de Captura, la atmósfera impactante los envolvió. Frente a ellos se extendían enormes escaleras, y al subirlas, llegaron a la cima, donde se desplegaba un extenso coliseo en forma de abanico.
Las gradas descendían en niveles, llenas de espectadores. El ruido era ensordecedor; los gritos y alaridos hacían vibrar los tímpanos.
—¡Las alas! ¡Córtale las alas! ¿Qué haces fijando su cola? ¡Me tienes harto! ¡Aposté tres millones por ti! ¡Tres millones que podrían comprar dos hier