Cuando llegaron a ese punto, la gente ya no se atrevía a seguir discutiendo, porque cuanto más lo hacían, más asustados se sentían, y lo que parecía una historia cada vez más absurda.
Fue en ese momento cuando la voz del hombre de cabello rojo volvió a sonar en los oídos de todos:
—¡Canuto y los demás están todos muertos! Estas medallas de Esqueleto pertenecen a esos quince, y no hay excepción: todos murieron a manos de Fane...
Al decir esas palabras, el ambiente se sumió nuevamente en un sile