El hombre feo, al escuchar esas palabras, apretó los puños con tal fuerza que parecía querer lanzar un golpe:
—¡Cállate de una vez! ¡Te lo digo una vez más! ¡Cierra la maldita boca o te la voy a romper de un solo golpe!
El hombre del bigote, al escuchar eso, soltó una risa burlona:
—¿Qué sucede? ¿Ahora quieres pelear conmigo? Ni siquiera importa si hay reglas contra las peleas o no. ¡Aunque no hubiera reglas, no serías rival para mí ni en tus mejores días! No te subestimes tanto; para mí, no e