Mientras decía esto, sus ojos estaban muy abiertos, cada palabra parecía ser forzada entre sus dientes. El hombre parecía haber perdido la razón, tratando desesperadamente de demostrar a su compañero que el juicio suyo estaba equivocado y que él no era un débil.
Pero todos los presentes, al ver su actitud, simplemente sacudieron la cabeza en silencio. Sabían que su compañero tenía razón; el joven de rostro delicado no quería aceptar su fracaso ni enfrentar la realidad de que no podría entrar en