Ambos se quedaron asombrados, sin saber cómo reaccionar. Este poderoso guerrero quería colaborar con ellos, no simplemente aprovecharlos, y les ofrecería una recompensa. Aunque solo fueran cinco llaves doradas, era algo de ganancia.
Sigeberto aclaró su garganta con cuidado y se volteó lentamente hacia Sidonio. En ese momento, no sabía qué hacer. Sidonio, temeroso de que Fane se molestara si fruncía el ceño, solo se inclinó la cabeza lentamente y repitió en su mente cada palabra de Fane.
Desde la