Bessat, con un gesto de resignación, sacudió la cabeza. Esto era inevitable. El bosque de la Neblina, con su vasta extensión, estaba cubierto en su mayor parte por densas brumas. Una vez dentro, la visibilidad se reducía a cero, y era imposible utilizar la percepción espiritual para explorar los alrededores.
La niebla allí bloqueaba todas las formas de percepción, pero en el centro del bosque de la Neblina había un área despejada. No había ni una pizca de niebla ni nada que obstruyera la vista.