Cuanto más hablaba Fabián, más enfurecido se ponía, y sus manos temblaban incesantemente. Sentía que Tiziano los estaba tratando como tontos a los guerreros del mundo de segundo nivel, ¡lo cual era excesivo!
Esas bestias demoníacas eran tan cobardes como ratas callejeras, que al ver a los humanos solo huían despavoridas. No solo no mataban a nadie, sino que, si Castro las encontraba y no podían escapar, él las habría asesinado sin problemas. ¡¿Cómo podrían haberlo asesinado a él?!
Jacobo, aún má