Los guerreros que tumbaban en el suelo, en su mayoría, ya casi habían perdido el conocimiento debido a las torturas, pero seguían vivos. Estos guerreros del mundo de segundo nivel no les permitían morir; cuando se daban cuenta de que ya no podían resistir, les daban píldoras medicinales para mantenerlos con vida, controlando estrictamente el número de muertes.
En el centro de la cueva, tres personas estaban sentadas con las piernas cruzadas. Estas tres personas vestían ropas diferentes y, al obs