Después de decir lo que tenían que decir, ambos se sumieron en el silencio, cada uno con sus propios pensamientos. La situación los dejaba perplejos y confundidos. Había demasiadas ideas enredadas en sus mentes y no podían aclararlas. No sabían qué hacer a continuación.
Después de unos momentos de silencio, una ráfaga de viento pasó por ellos. Ambos levantaron la vista y vieron a Abel acercándose rápidamente hacia ellos.
Abel frunció el ceño al ver a las dos personas en el suelo. Su expresión se