El alquimista de sexto rango, a quien siempre menospreciaron, superó a todos y obtuvo el primer lugar. Le dio una bofetada contundente en la cara, haciendo que Benedicto no pudiera contener una risa burlona que se escapó. La expresión burlona en la comisura de su boca no pudo ser reprimida de ninguna manera.
Al ver a Benedicto de esa manera, Zorman estuvo a punto de desmayarse de la ira. Era una persona con un fuerte sentido de autoestima y no podía soportar que otros se burlaran de él.
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