En este momento, debería estar en la parte delantera de la multitud, felicitando a Odín. Sin embargo, no podía decir esas palabras. No quería que Odín estuviera por encima de él, superándolo. La sensación de disparidad era algo que le resultaba difícil aceptar.
A pesar de su mal humor, su mirada no tenía problemas. Poco a poco, también notó la extraña expresión de Odín, una mezcla de angustia y resignación, como si tuviera mucho que decir pero no supiera cómo expresarlo.
Jaime frunció el ceño y