La próxima vez que se encontrara con Fane, seguramente sería su día final. Con ese pensamiento, el bocazas apretó los dientes y, decidido, se plantó firme como un soldado. Con el poco valor que le quedaba, casi golpeándose el pecho, exclamó:
—¡Señor, no se preocupe, me voy de inmediato!
Después de decir eso, no se atrevió a mirar atrás y se fue corriendo, con el rabo entre las piernas. El lugar quedó en silencio, y muchos de los guerreros presentes comenzaron a mirarse entre sí con temor, preoc