Benedicto se enfadaba cada vez más a medida que pensaba en esta posibilidad, y sus manos comenzaron a temblar ligeramente. Levantó la voz y dijo:
—¡Les digo! No importa quién haya atraído a los asesinos, es mejor que asuman las consecuencias ustedes mismos y no me arrastren a mí. Soy una persona extremadamente cautelosa, siempre evito cometer errores. Nunca he provocado a personajes poderosos. ¡No quiero morir por culpa de ustedes!
Al decir estas palabras, la respiración de Benedicto se volvió