Al principio, el encargado Wolff y el diácono Zamora se mantenían al margen, aparentando que no les importaba cómo se desarrollaba la situación. Sin embargo, a medida que sus palabras se volvían más ofensivas, casi llegando al punto de pelearse, tuvieron que intervenir.
Separaron a Benedicto y Ciro, que estaban enfrascados en una disputa intensa. Después de todo, las discusiones entre jóvenes debían tener límites. Si se sobrepasaban esos límites, la relación entre ambas partes se deterioraría, a