La noticia les cayó como un rayo. Hace unos momentos, todavía estaban de humor para celebrar por adelantado y ahora se sentían como si les hubieran empapado con un cubo de agua helada. ¡Esto debía ser una broma!
El Amo Loador miró fijamente al tembloroso discípulo arrodillado en el suelo. “Dímelo otra vez, ¿qué pasó exactamente? ¿Cómo es posible que los Nueve Ejércitos sean tan fuertes?”, su voz, era temblorosa y fría.
El discípulo estaba tan asustado que comenzó a tartamudear. Era claramente