Mundo de ficçãoIniciar sessãoEm uma fazenda no interior de Minas Gerais, Liana, uma mulher marcada pela perda do marido e fluente no idioma alemão, aceita o desafio de se tornar professora de Théo, filho de George Bruce, um ex-ator de filmes adultos. O que começa como uma relação profissional cercada de tensão logo se transforma em um amor inesperado. Quando Liana descobre estar grávida de George, que fez vasectomia e os dois precisam lidar com os dilemas e amor.
Ler mais- Insisto en que deberías quedarte.- Su voz denotaba preocupación.
- Y yo insisto en que no es necesario.- La otra parte respondió con tranquilidad. -Bien. Cómo quieras. Nos vemos mañana hermosa. Cuidate.- Alzó sus manos dándose por vencida, sabiendo que no ganaría. - Tú también ve con cuidado. Descansa. Una mujer, cuyas facciones quedaban ocultas tras una capa impermeable, discutía con una joven cuyos cabellos rizados, era lo único que se veía bajo la gorra y el pequeño paraguas que amenazaba con volar de sus manos gracias al viento. - ¡Vete de prisa Rosario!, ¡Está empeorando!.- La primera empujó a su acompañante. - Tú también Adhara.- Dijo antes de darse la vuelta. La mujer empezó a caminar, mientras la otra joven se dió la vuelta, lista para emprender el camino hacia su lugar de residencia. Era una noche lluviosa, como ninguna otra. Parecía que las estrellas caían del cielo como frías gotas de agua y tomando en cuenta que habían millones... Era lógico que nunca parara. Adhara trataba de evitar que la fuerte ventisca volara su impermeable desgastado, por el que se filtraban algunas gotas, mientras avanzaba hasta el lugar en donde estaba su bicicleta. O al menos recordaba haberla dejado ahí. - ¡¿Qué demonios?!.- Caminó hacia un pequeño callejón, justo para ver como una persona a la cuál le era imposible reconocer, se alejaba a toda pastilla en su medio de transporte. - ¡Oye!, ¡Devuelvemela!.- Corrió tras el ladrón, pero la lluvia apagó sus gritos y sólo pudo ver como este desaparecía en la penumbra.- ¡¿Y ahora qué hago Dios?!. De haber sabido que esto pasaría, hubiera aceptado quedarme con Rosario en su apartamento. Adhara pataleó furiosa y pensó en correr tras su compañera de trabajo, pero desistió al recordar que no sabía dónde esta vivía, pues aunque la había invitado un par de veces a su casa, la había rechazado por falta de tiempo y no podía llamarle, ya que no tenía su número de celular. - ¡Menuda porquería!.- Refunfuño molesta, cuando el viento arrancó la capucha del impermeable de su cabeza. El agua que golpeaba su rostro debido a las ráfagas de viento, hacía que algunos mechones oscuros como la misma noche se adheriesen a sus sonrojodas mejillas y taparan también sus ojos. Adhara los apartó furiosa de su rostro, con sus ojos tan oscuros como su cabello rodando con fastidio. Todo aquella noche le había salido mal. No sólo había tenido problemas con un pervertido que había intentado propasarse con ella, y había tenido que trabajar horas extras, limpiando el vómito de un borracho que no conocía sus límites, sino que ahora, también debía caminar bajo aquella lluvia torrencial hacia su departamento, gracias al ser inhumano que le había robado su medio de transporte. Definitivamente su noche iba de mal en peor. Con un suspiro resignado empezó a caminar, despotricando contra todo lo que podía servir para menguar su malestar. Aceleró el paso al salir del centro de la ciudad, mientras un escalofrío cosquilleaba en su espalda, pues la zona en la que vivía no era muy segura para una chica de apenas 22 años de edad, especialmente a altas horas de la noche. Si bien ya era conocida en la zona, pues hacía dos años que vivía ahí, no quitaba que corriera el mismo peligro que cualquier otro traunsente. Justo cuando estaba a punto de doblar una esquina, una fuerte luz la hizo frenarse en seco y retroceder los pasos que acababa de avanzar. Se recosto en una pared, parpadeando de prisa para recuperarse del impacto que la luz había provocado en sus ojos negros. Odiaba cuando los autos no bajaban las luces y alucinaban a las personas que paseaban tranquilamente. Deseaba gritarle a ese ser despreciable llamado conductor hasta de que iba a morirse, pero sabía que nada bueno se cruzaba por esos lugares a tales horas, por lo que sólo pudo morderse la lengua y esperar a que ese ser inmundo se marchara... Pero nunca lo hizo. Curiosa, asomó la cabeza por la esquina de la pared, justo a tiempo para ver como dos hombres lanzaban lo que parecía ser un saco bastante pesado, pero debido a la lluvia no era capaz de distinguirlo bien. Los hombres subieron al auto y dieron marcha, Adhara corrió a esconderse tras unos enormes cubos de basura, desde dónde vió al auto cruzar por la misma esquina de la que ella había venido y alejarse a toda pastilla. La chica salió de su escondite, quiso darse la vuelta e irse por otro camino, pero algo en su interior se lo impidió. Dió media vuelta y avanzó despacio, temiendo lo que podría encontrarse. Lo primero que vió sobresalir tras un pilar, fueron un par de zapatos, alzó la mirada y vió que pertenecían a un hombre cuyas ropas estaban destrozadas, mientras la parte superior del cuerpo se encontraba metida en una especie de saco. Quiso salir corriendo, cuando vió que uno de los pies del hombre se movía. Dudó, pues sabía que sí se quedaba se metería en un gran lío, pero el recuerdo de la madre superiora del orfanato en el que había crecido llegó a su memoria: "Haz el bien y no mires a quien". Adhara suspiró antes de acercarse con miedo y empezar a sacar aquella cosa del cuerpo del hombre. Ahogó un grito al ver el rostro desfigurado de aquel pobre ser humano. Lo habían molido a golpes hasta dejarlo irreconocible. -Seguramente se metió con quien no debía.- Susurró quedito. El hombre emitió un quejido cuando las fuertes gotas de lluvia impactaron en su rostro mal trecho. -Gracias a Dios está vivo, sino habría cavado mi propia tumba. Adhara se puso en pie y miró a todas partes. El callejón estaba desierto, definitivamente no había nadie que pudiera ayudarle. Sacó su destartalado celular y poniéndose a resguardo de la lluvia llamó a emergencias, para que aquel hombre pudiera ser atendido cuanto antes, de lo contrario: falleceria a causa de los golpes y del frío. Cuando su llamada fue respondida, la chica explico apresurada lo que estaba pasando, recibiendo como respuesta una promesa de que pronto estarían ahí. Adhara suspiró aliviada. Él estaría bien, muy pronto estaría a salvo. Volvió a lado del hombre y acarició su rostro con dulzura, tratando de no lastimarlo, recibiendo como respuesta un quejido. -Lo siento mucho. No quería lastimarte.- Susurró bajito, como temiendo que el hablar más alto pudiese dañar más al pobre hombre. Como pudo, se sacó el suéter que llevaba bajo el impermeable y se lo echó sobre el torso al hombre, mientras se acurrucaba junto a él y lo abrazaba con cuidado de no lastimarlo, tratando de transmitirle un poco de su calor. Pasaron algunos minutos que para la muchacha fueron eternos, cuando a lo lejos se empezaron a escuchar unas sirenas, eso la hizo alegrarse. - Ya vienen, pronto estarás en buenas manos.- Ella le dijo con ternura mientras trataba de levantarse. Una mano grande y fría se aferró aún más a ella, produciendole un nuevo y extraño escalofrío por la espalda. -Por favor, no te vayas, no me dejes solo.- La voz del hombre sonaba lejana, mientras suplicaba su cercanía. El corazón de Adhara dió un vuelco, y sus ojos se llenaron de compasión. Ella más que nadie sabía lo que era sentirse solo y por eso, solo pudo enternecerse de más. - Esta bien, no me iré. Vió como el hombre se aferraba a la pulsera que llevaba en su mano y no dudó en sacarla y entregársela, sonriendo al ver cómo este la apretaba en un puño, como si de ello dependiera su vida. Muy pronto las sirenas sonaron casi en sus tímpanos y las luces de la ambulancia le anunciaron la llegada de la tan anhelada ayuda. -¡Es aquí!, ¡Estamos aquí!.- Adhara gritó lo suficientemente fuerte para ser escuchada, pero no tanto para incomodar al herido, mientras movía su mano en el aire con frenesí. Muy pronto los paramédicos llegaron corriendo en su dirección con una camilla, tomaron al hombre con sumo cuidado, pero este se rehusaba a soltarla. -Debes soltarme para que los médicos te puedan atender.- Ella le susurró con dulzura, tratando de calmarlo, mientras trataba de zafarse de su férreo agarre. -¿Prometes que no te irás?, ¿Prometes que no me dejarás solo y que estarás a mi lado?.- El hombre preguntó con voz ronca y rota, con la angustia y el miedo tiñendo aquel susurro, mientras aflojaba poco a poco su agarre sobre la muñeca de la chica. - Te lo prometo. Te prometo que pase lo que pase, voy a estar contigo si tu así lo deseas. Puedes estar tranquilo.- Y ante la convicción de aquella promesa, el hombre por fin la soltó. De inmediato los paramédicos lo acomodaron en la camilla, preparándose para subirlo en la ambulancia. Adhara se puso en pie para seguirlos de cerca, sintiendo su corazón doler al ver con la luz de la ambulancia la apariencia del hombre tan destrozada. -Usted también puede subir si así lo desea.- Una enfermera le dijo a la chica, al ver que el hombre estaba reacio a separarse de ella, lo cual podría resultar contraproducente. Adhara no dudó en saltar dentro del vehículo, escuchando como las puertas se cerraban tras de sí. Se acurruco en una esquina tratando de no estorbar a los médicos en su labor, mientras veía como le ponían un montón de agujas en el cuerpo al hombre. Anhelaba con todas sus fuerzas que no le hicieran preguntas, pues ella no sabía nada de él. Ni quien era, ni porque lo golpearon, mucho menos quienes lo tiraron en ese lugar. Y realmente agradecía no saberlo, pues nada bueno se cruzaba por esos lugares a tales horas, solo malhechores de segunda categoría, pero malhechores al fin y al cabo. Un alboroto puso sus sentidos en alerta, mientras veía como en la pantalla las lineas curvas se volvían rectas y un incesante pitido llenaba sus oídos. -¿Que pasa?.- La angustia era palpable en su voz. - Esta sufriendo un infarto de miocardio. - La enfermera le respondió mientras ponía unas planchas en el pecho del hombre. -Esto no pinta para nada bien. Adhara tragó grueso, sintiendo la amargura del miedo atenazarle las entrañas. Miró al techo y con el corazón latiendo desenfrenado, rogó a Dios que por favor, salvara la vida de aquel hombre.LianaNão foi a melhor forma de contar ao Théo sobre sua mãe, mas Bruce devia isso ao filho e adiar só traria ainda mais conflitos entre eles. Fui para o meu quarto, espero que a conversa que tiveram realmente os aproxime.Telefonei para Marcela, ela e o filho tiveram uma ida ao psicólogo e espero que logo essa tristeza passe!Amanhece, as coisas por aqui parecem bem menos caóticas. Ivone me pede para ajudar com o almoço daquele dia, pois uma das empregadas tirou o dia para visitar um parente adoentado.— Seu apoio fez Bruce decidir finalmente levar Théo para conhecer Anneliese.— Será que cumprirá a promessa? Ou disse isso apenas para controlar o filho?— Ele cumprirá sim. Liana, mas... Sei que ele ficaria mais tranquilo se você fosse junto!— Eu? — respondo de imediato.— Vá com eles, dê seu apoio para o menino e ao meu filho.Engulo em seco, Bruce chega e nos vê cozinhando... Algo no olhar dele parece tão sereno, a liberdade de ter dito a verdade ao filho.Théo vem mais tarde, pega
BruceDurante nosso passeio, percebo Théo mais pensativo.— O foi filho?— O senhor não gosta que eu fale da minha mãe...— Théo, achei que tivesse esquecido disso. Permiti estudar o idioma, mas nunca alimentei esperanças sobre esse assunto!— Papai, eu já sou grande. Ouvi minha avó falando sobre ela... Mamãe está viva!Desço do meu cavalo, Théo faz o mesmo e se aproxima. Tenho adiado tanto esse assunto, trazer Liana para cá e ensinar alemão para ele... Acabou alimentando os sonhos mais absurdos em seu coração! — Ela não é uma pessoa que valha a pena conhecer! Você ama seu pai, Théo? — pergunto, chegando mais perto.Vejo seu olhar se encher de lágrimas.— Ela é má? — Sim, não quero que te diga coisas tristes. Te poupei todos esses anos por isso, te amo demais para permitir que sofra!— É mentira! Não acredito nisso, só está dizendo para me fazer desistir... Todos na minha escola têm uma mãe e eu não tenho porque você não deixa!Théo correu para o cavalo, montou rapidamente, seguindo
LianaO peso dessa revelação me desestabilizou, nunca pensei que pudesse estar sendo traída por Lucas. Ele sempre me dizia que eu era absolutamente tudo para ele! Chegamos de volta à fazenda, Théo veio todo feliz correndo em nossa direção. — Por que não me levaram também? — Meu amor, Liana e eu fomos resolver umas coisas urgentes! E eu tinha que ir ao leilão... — Bruce, compreendendo o quanto eu precisava ficar sozinha, o levou para dentro. Segui até o rio, mesmo que seja apenas por alguns minutos... Realmente, preciso ouvir só os meus pensamentos e molhar os pés. — Já foram passear logo cedo? — Pelo amor de Deus Pedro, hoje não! — respondo sem olhar para ele. — Liana, de verdade... Não se deixe iludir pelo dinheiro do patrão. Bruce não te merece! — Não tenho nada com ele. Mas a essa altura das circunstâncias, não preciso me justificar com você... Ele me segura pelo braço, nos olhamos furiosamente. — A ex dele veio aqui mais cedo, ela sabe que andam por aí sem se importarem c
BruceNo dia seguinte, eu estava sentado à mesa do meu escritório, vendo os papéis e tentando parar de pensar em Liana e na relação que ela nega com Pedro... Além da reação estranha que ela teve no dia anterior ao receber uma carta.A porta se abriu com um leve estalo, e Liana entrou. Eu não esperava que me procurasse para conversar em pleno domingo.— Bruce, eu preciso conversar com você — sua voz estava mais baixa do que o normal.Fechei os papéis que estavam sobre a mesa, deixando um espaço entre nós para que ela se sentasse, mas ela preferiu ficar em pé, como se tivesse hesitação até em ocupar um lugar mais perto de mim.— O que houve, Liana? — perguntei, tentando controlar a ansiedade que começou a surgir.Ela respirou fundo, claramente pesando suas palavras, e finalmente falou:— Eu preciso ir à cidade amanhã, Bruce. — Ela desviou o olhar, como se tentasse esconder o que estava prestes a dizer.Algo sério estava acontecendo, e ela não queria me contar.— Tem a ver com sua amiga
LianaMarcela precisava de mim, mas preciso manter o foco no trabalho ou Bruce vai desistir de me ajudar. Ele tem feito tantas coisas para me manter nessa casa que às vezes penso se realmente mereço sua consideração.Era sábado, finalmente, eu queria poder ir até a cidade e comprar umas coisas de uso pessoal. Não quero pedir para Pedro por motivos óbvios, ele ainda me cerca com olhares ameaçadores e não aceita que lhe dei o desprezo.Me levantei para tomar café da manhã, apenas Ivone ainda estava á mesa.— Bom dia!— Bom dia, Liana...— Théo já acordou? — pergunto em seguida.— Ele e o pai foram até a capital para buscar algumas peças. Fico tão feliz ao vê-los assim mais próximos.— Eu também fico, Théo precisa do carinho do pai!— Liana, me desculpe a intromissão... Você foi casada, certo?— Sim senhora, mas fiquei viúva muito nova. Eu tinha vinte e um anos na época e ele morreu em um acidente de caminhão!— Lamento muito. — Ele me olhou mais incisivamente. — Nunca mais pensou em se
BruceEu continuava sentado à mesa de meu escritório, com os olhos voltados para o copo vazio à minha frente. Liana não saía dos meus pensamentos, e eu tentava me convencer de que era só por Théo, de que meu interesse por ela era meramente profissional.Eu sabia que estava mentindo para mim mesmo, se até Elena, em sua loucura de ciúmes, percebera...A porta do escritório se abriu, interrompendo meus pensamentos. Minha mãe entrou sem bater, com aquele olhar de quem já sabia o que eu tinha matutando na mente. Ela não precisava de muitas palavras para me fazer perceber que sabia exatamente o que se passava dentro de mim.— Bruce — ela começou. — Eu vi Liana saindo do seu escritório agora há pouco, Elena novamente a ofendeu demais!— Eu darei ordens para que ela não entre aqui nunca mais, não posso mais confiar no bom senso dela... Elena está louca de ciúmes e medo de que eu deixe de dar dinheiro a ela e à tia todo mês! — tentei manter a calma, mas ela certamente faria outra leitura de t
Último capítulo