Honoré, guardó silencio con una sonrisa maliciosa, disfrutaba al ver el sufrimiento de Jan mientras narraba su historia. Serafín, oculto e invisible, observaba cómo el antiguo Honoré continuaba absorbiendo energía de Jan, quien finalmente cayó sentado, exhausto. El Antiguo cambió su voz, tratando de mostrarse arrepentido y justificar sus acciones.
—Hijo, me enamoré, al igual que tú estás enamorado de esa chica —dijo el antiguo Honoré con una voz que intentaba sonar comprensiva—. Es por eso que