42. LOS LOBOS ANTIGUOS
La atención de Enril se desvió rápidamente hacia Gil, quien sonreía feliz de la mano del Arconte Mayor, que había tomado el control del cuerpo de Aren. Un destello de celos surgió en sus ojos, amenazando con hacerlo brillar de forma intensa. Gil, percibiendo la incomodidad de Aren, le susurró al oído en un tono suave y tranquilizador.
—Mi novio, no brilles, solo te amo a ti, soy tuya —le pidió, tratando de calmar su reacción al percatarse como todos los jóvenes la miraban deseosos. Aren asintió