La mujer había secuestrado a la niña y la había llevado a una habitación leja a y apartada en donde no tuviera ningún problema al hacer lo que le daba la gana con ella. Y pues si moría, ¿Qué más daba? No era hija suya y por supuesto que era complicado ver como el amor de su vida tenía hijos con otra mujer mientras tú te la pasabas toda la vida teniendo diferencias con aquella mujer que no tenía para ti más que lastima.
—¡Me las vas a pagar!, Mili Watson, ¡me las vas a pagar por todo lo que me h