Rápidamente bajé esas escaleras como un alma seguida por el diablo buscando a Nana, ella estaba en la lavandería y entre gritos por fin llegué donde estaba.
—Nana, no puedo creerlo, es hermoso.
—Claro que sí señora, el señor siempre ha tenido buen gusto para vestir.
—¿Alguna vez has elegido ropa para una mujer?
Sacudió la cabeza.
—No, señora, pero él caminaba por las tiendas y miraba la ropa de las mujeres, así como la ropa que a las mujeres les gustaba ver a los hombres. Es un hombre muy obser