Cuando los platos estuvieron vacíos y nuestras conversaciones se agotaron, decidimos retirarnos a la mansión para descansar nuevamente.
En ese auto solo se escuchaban dos corazones latiendo salvajemente. Gerald me miró de reojo mientras yo dibujaba en los cristales empañados del coche.
A los pocos minutos ya habíamos llegado y algo en particular me llamó la atención.
Me volví hacia Gerald con cara de asombro, mis pupilas dilatadas, mis manos sudaban y mi corazón saltaba dentro de mi pecho co