Mi padre lo miró desconcertado; Gerald se veía atractivo, rozagante, me tomaba de la mano y tenía una hermosa sonrisa como si hubiera vivido el sueño más hermoso. Luego se vuelve hacia mí, inspeccionándome de arriba a abajo como si hubiera visto una diosa o una reina.
—Te ves hermosa hija mía… ¿y ese cambio de apariencia? —Pregunto sorprendido sin quitarme los ojos de encima.
—Gerald me llevó de compras, entre los dos elegimos mi ropa y lo admito. —Me encogí de hombros—. Tiene mejor gusto que