Gerald pasa su lengua por mi cuello haciendo que mi piel se erice, normalmente comenzaría con un beso o algo más suave, pero no esta vez.
Observo su reflejo en el espejo y sus pupilas dilatadas me dicen que a juzgar por su reacción no iremos a la fiesta si esto sigue por el camino que ha elegido el hombre detrás de mí.
—Gerald… —no me deja terminar de hablar, solo siento que sus manos toman mis caderas y golpean mi pecho contra la cama dejándole ver lo que compro para tal fin —¿Qué estás hacien