El estruendo del silencio
En la sala de juntas de Blackwood Industries, el aire se podía cortar con un bisturí. Alexander permanecía de pie, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su cuello se marcaban bajo la luz fluorescente. Miró a Taylor, quien sostenía la mano de Elena con una posesividad que rayaba en el desafío.
—Buena elección, señor Taylor —dijo Alexander, su voz saliendo como un susurro gélido—. Le diré a mi secretaria que coordine todo para que puedan acomodarse hoy mismo.