En toda la semana que estuvimos en aquella preciosa mansión, vi a mi querido esposo Giuseppe, sabiendo que la patada que le di en sus partes no le habían sentado nada bien, pero no fue mi culpa, se lo merecía por ser tan cabrón como lo era conmigo. Cuando el avión privado de Giuliano aterrizó en Sicilia, ya nos esperaba la limusina a pie de pista, viendo bajar de ella a Maximo y a Bianca, corriendo Cintia a los brazos de su madre con alegría.
— ¿Qué tal estás después del incidente que tuvistes