Cuando encendí la luz de la lámpara del dormitorio, vi a un Giuseppe que no conocía, su rostro estaba rojo y muy enfurecido dándome algo de temor por lo que pudiera hacerme. Sin apartar nuestras miradas, mi esposo se deshizo de su chaqueta y de su camisa tirándolo al suelo, dejándome ver sus perfectos pectorales, dejó el arma que llevaba encima del sofa que habia en el dormitorio, se quitó el cinturón de su pantalón enrollándose parte de él en su mano como si de un látigo se tratara.
— ¿Qué cre