Punto de vista de Elara
Damien seguía hablando y yo seguía escuchando. Me contó sobre el trayecto, las calles vacías, cómo la ciudad se iba quedando atrás cuanto más al este avanzaba. Su voz se mantenía calmada y uniforme, pero yo ya lo conocía lo suficiente como para oír la tensión debajo. No estaba calmado. Estaba controlado. Había una diferencia.
Estaba sentada en el borde de la cama del hospital con los pies en el suelo frío y el teléfono pegado a la oreja. La vía intravenosa tiraba de mi m