Como muchas mujeres del mundo, siempre tenía una tolerancia infinita hacia el marido que elegí. En ese momento, aún tenía la ilusión de que Alfredo cambiaría con la llegada de nuestro hijo. Sin embargo, mató a nuestro bebé en persona… Finalmente, entendía que él nunca cambiaría. Ya no quería ser un estorbo aburrido entre ellos.
Pero, antes de divorcio, tendría que hacerlos pagar por lo que hicieron.
Cuando volví a despertar, vi el familiar color blanco del hospital. La enfermera seguía gritando