Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl hierro se volvió a levantar. Adair cruzó los brazos sobre sus costillas, con los puños cerrados para cubrir su cabeza. Cerró los ojos.
¡Pa!
Su espalda ardió. Una sensación caliente subió por su garganta. El sabor a óxido inundó su boca; pero sus labios se mantuvieron cerrados. Sellados como una caja fuerte guardando secretos. Ni un sólo gemido escapó. Los golpes llov







