María Isabel
No es justo, para nada justo ver a Hurrem Abad recostada en una cama con las piernas abiertas esperando a que termine de curar sus partes íntimas por el salvajismo con que abusaron de ella.
Me enoja y entristece ver por lo que tuvo que pasar para mantener en secreto el pasado de su cuñanada, la madre de mis amados gemelos y mujer que se quitó la vida por la presión social, obviando el abandono de su esposo.
Envié a Baruk por algo de comida, la segunda aparición de mi padre nuevam