Con el pie en el acelerador, la mujer se movía en el tráfico a una velocidad inhumana, hasta que por fin logró perderlos. Volvió a respirar en paz, una vez se había estacionado en un rincón, para posterior a eso, bajar del coche y simplemente salir caminando de él, abandonándolo.
Por otra parte, Leandro sentía que la sangre estaba en un punto de ebullición por la asombrosa respuesta que le habían dado sus hombres. Actualmente, estaba parado en frente de ellos, con ganas de darles con una silla