228 - Manos Manchadas.
La sala de espera del hospital se sentía extrañamente tranquila, como si el tiempo se hubiese detenido tras la operación de Jazmín. El silencio era espeso, roto solo por el ocasional sonido de pasos apresurados de las enfermeras y el suave pitido de los monitores que mantenían la vida de los pacientes. Fabio, sentado en una de las incómodas sillas de plástico, observaba a Leandro con una mezcla de curiosidad y asombro.
— ¿Cómo es que te tomas todo esto tan fácil? — preguntó finalmente Fabio, r