Leandro, desde su cama, trató de moverse, pero su cuerpo aún no respondía completamente. Sus ojos, sin embargo, reflejaban una nueva lucidez. La conexión entre él y Jazmín, un lazo que ni siquiera la muerte pudo romper, lo había despertado.
Un médico se acercó a Leandro, sorprendido por el milagroso despertar.
— Señor, ¿puede oírme? — preguntó con voz firme, tratando de evaluar su estado.
Leandro asintió lentamente, sus ojos aún fijos en la figura inmóvil de su esposa en el suelo.
— Jazmín — mu