Al otro día en la casa de los Ricci Silvana bajó a desayunar y estaba malhumorada, saludó y se sentó a comer. Su padre le dijo:
—Ahora sí, dime qué no es cierto eso que dijeron.
—No lo sé papá, Jeremith dice que se casó con esa tal Perla, pero yo no le creo.
—Si es así eso será fatal para nosotros, una boda con Jeremith será lo único que nos salve de la quiebra, y si él se casó con esa mujer tú serás la culpable por haberlo abandonado justo el día de la boda.
—¿Hasta cuando vas a reprocharme?
—