Había un ruido constante que taladraba su cerebro. Su cabeza se quería rasgar en dos y salir corriendo por cuenta propia. Su cuerpo dolía acostado sobre una superficie dura, pero a la vez cómoda. Y la clásica pegunta que le vino a la mente… era dónde estaba.
Sus ojos se fueron abriendo ligeramente. La luz blanca y cegadora los obligaron a cerrarse otra vez hasta que pudo abrirlos e irlos acostumbrando. Aun así, sus pá