Rayan cerró la puerta después de despedir al repartidor. Casi se le había reído en la cara después de ver la expresión de este cuando lo recibió, con su cuerpo cubierto de marcas de besos por todos lados, mordidas sobre todo alrededor de su cuello, arañados por aquí y allá, resaltando en sus hombros y espalda y eso que tenía un chándal puesto pues abajo tampoco estaba del todo ileso.
Comerse a su cachorra y dejarse comer podía ser un poco más peligroso de lo normal.
Tarareando una canción entró