CAPÍTULO 63. Un hombre dispuesto a todo
Naiara ni siquiera podía explicarlo. O definitivamente se había vuelto loca, o el hombre frente a ella no tenía ni un gramo de decencia, o al menos el sentido común elemental que se necesitaba para tener relaciones humanas coherentes.
—¿¡Estar ahí para mí?! —espetó sin poder evitarlo y Samuel casi dio un respingo, parapetándose detrás de una columna.
Eso de escuchar a escondidas jamás había sido lo suyo, pero no podía negar que la sangre le estaba hirviendo en las venas, y que los celos lo habí