CAPÍTULO 24. Un hombre cruel
CAPÍTULO 24. Un hombre cruel
El rostro de Samuel se ensombreció en un segundo, y arrugó el ceño como si las palabras que estaban saliendo de la boca de Naiara fueran del todo incomprensibles para él.
—¿Disculpa? ¿De qué estás hablando… cómo que Amanda…?
Era evidente que sabía de quién hablaba, no había muchas Amandas en el pueblo como para confundirse, pero aquello no tenía ni pies ni cabeza.
—¿De dónde sacaste eso, renacuajo? —la increpó, presintiendo el que origen de todo aquel maldito proble