Con pasos lentos, como si quisiera evaluar primero las emociones en su rostro, Max se acercó a Yudith. Al verlo, Yudith se paró de la cama.
—Cada día me sorprende más tu audacia, Yudith —dijo Max con una media sonrisa.
Yudith lo miró con una expresión indescifrable y respondió con un tono de frialdad:
—Y a mí me sorprende cada día más tu desvergüenza y cinismo. Pero, ¿qué se le va a hacer? ¿verdad?
Max levantó una ceja y su sonrisa se desvaneció al escuchar sus palabras frías. Pero ella tenía r