Unos días después, estabamos en la cocina desayunando mi hija y yo acompañadas de Gilda y Lucinda, cuando de pronto apareció David por la puerta, acercándose primero a mi hija dándole un beso en la mejilla para luego acercarse a donde yo estaba sentada, dándome un beso en mis labios, dándonos cuenta de cómo nos miraba sorprendida mi hija con una preciosa sonrisa en su pequeña boquita
—- ¿Os vais a cazar? —- nos preguntó, haciendo que los dos le riéramos la pregunta
—- ¿Tu quieres que mamá y yo