Un silencio sepulcral inundó la habitación.
Alexander, sorprendido como estaba, mantuvo una expresión completamente neutra, pero una profunda y orgullosa satisfacción le recorría las venas. Dios, ella era magnífica. Había tomado el berrinche de Malcolm, lo había analizado con tal precisión y se lo había devuelto como una enorme victoria financiera.
Malcolm miraba fijamente la tableta, sus dedos rozando el borde del cristal. Lentamente, las tensas y volátiles líneas alrededor de su boca se suavi