PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
La lluvia había disminuido hasta convertirse en una llovizna suave que apenas susurraba contra las ventanas, como si la tormenta misma hubiera decidido darles un respiro después de todo lo que había presenciado esa noche. Las muñecas de Maya seguían atadas de manera floja a la cabecera de la cama de Lila, su piel enrojecida y húmeda por las olas intensas de placer que ya le habían arrancado una y otra vez. El antifaz permanecía firmemente en su lugar, cubriéndo